Esa sonrisa que hoy me acompaña,
la mueca permanente en mis labios.
Ese gesto irreverente a veces,
de picardía otras tantas,
de absoluta complicidad en ocasiones.
Esa sonrisa, me la dio el tiempo,
la sembró la experiencia,
germino en mis canas,
se acuno en mis desengaños.
Es la sabiduría de la edad,
el saber por
dónde llegan las piedras.
Quien gritara más alto,
aquella mentira más tortuosa…
esa excusa innecesaria.
Y soy rica en sabiduría,
afortunada en sonrisas,
de esas que me avisan avispadas…
que la verdad anda lejana.
Reme Gras.
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