Mi soledad…
acompañada de deseos,
de sueños que te ofrezco.
Mi soledad, acompañada…
de silencios,
de sueños y deseos,
de momentos por descubrir.
Y mis brazos se alargan,
intentando alcanzarte.
Mi voz semeja un canto de sirena,
acunado la más tierna canción.
Se agranda este océano…
se elevan las montañas,
y se agranda esta soledad.
Pero mi soledad ya no está sola…
tiene a su lado, el deseo,
el deseo y la esperanza.
Reme Gras.
Derechos reservados.
4 comentarios:
Me resulta muy bien el poema, amiga. Bien se puede vivir con deseos y esperanzas —cuando estos falta, si la tenemos difícil, pienso yo—.
Abrazos
Muchas gracias José... es muy complicado vivir sin esperanzas.
Un abrazo.
Reme.
La soledad es regar, muchas veces, de desdicha el corazón. Aun así, me ha encantado el poema: versos tristes y llenos de realidad. Me quedo por su página madmoiselle; encantado de conocerla: Por cierto, ¿te gusta la literatura de Eduardo Mendoza? De ser así, te invito a que te pases por la última entrada de mi bitácora. Un abrazo.
http://www.ourgodsaredead.blogspot.com.es/2015/03/la-ciudad-de-los-prodigios-un-retrato.html
Muy amable Alex... pasare con gusto a visitar tu blog.
Un abrazo.
Reme.
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